Y tú te lo creíste.

Es curioso cuando nuestro chico está callado, frío, bastante distante. Todo el camino en el coche callados, sin mediar palabra. Llegamos a casa de una pareja amiga suya y ¡ZAS! Es el alma de la fiesta. Se ríe por todo, está muy alegre, se divierte, habla por los codos… Vale, hace tiempo que no se ven, es normal. Piensas con coherencia y te dices a ti misma: son celos absurdos. Déjalo correr. De nuevo, os montáis en el coche y ¡ZAS! Se hizo el silencio, y el chico divertido de hace unos segundos vuelve a estar ausente, serio, chulo y callado.

Hasta los mismisimos cojones. Lo quiero, porque yo estoy enamorada, pero no creo que merezca este trato. La indiferencia me rebienta. Sé que en cualquier momento me va a venir con el cuento… es que no estamos bien… no hablamos… Ya. Pero no pienso quedarme quieta. Qui desideram pacet, praeparet bellum. Quien quiera la paz, que se preprae para la guerra. Mis días sin ti, estarán llenos de paz, pero para eso debo prepararme para tu marcha. PARA LA GUERRA. TU GUERRA.

Yo me creí todas tus parafernalias, todos tus besos, todas tus caricias, todas tus promesas… Y ya no queda nada. Absolutamente nada. Sólo Mi corazón roto y mis lágrimas derramadas. Estoy cansada de ser la gota que siempre colma tu vaso. Sé que ya no me amas, y debería partir lejos, pero este apego no me deja pensar por mi misma. ¿Dónde está aquel chico que me prometió días llenos de sol y noches llenas de luna? Aquel que quería estar a todas horas junto a mí, beberse los vientos por mí… ¿Dónde está?   Lo peor de todo es que me lo creí.

Y tú te lo creíste….

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