LA DEVOCION A SAN JOSE EN EL TEMPLO DE SAN PEDRO MARTIR DE MARCHENA

LA DEVOCION A SAN JOSE EN EL TEMPLO DE SAN PEDRO MARTIR DE MARCHENA

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Por Vicente Henares Paque

Publicado en El Boletín del Cristo, nº 28. Marchena 2001

Detrás de cada cuadro que contemplamos en una iglesia, de cada imagen que observamos en un altar, de cada representación plástica religiosa que podamos contemplar en cualquiera de nuestros templos ha habido, y esta es una de sus consecuencias, una grata devoción hacia uno de los miembros de la Corte Celestial. Cuando observemos una de estas obras recordemos que en tiempos pasados ha habido alguien que ha sentido un fuerte e intenso fervor, y esta es su consecuencia material

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En el templo de San Pedro Mártir, vulgo del convento de Santo Domingo de la orden de predicadores, donde hoy, y desde sus principios reside la hermandad del Stmo. Cristo de San Pedro, fue en tiempos pasados hervidero de las más variopintas devociones hacia la Virgen, Jesús y los Santos. Conocemos hermandades y cofradías que en esta iglesia monacal existieron como resultado de unas devociones que en su interior se fraguaron: Animas, Ntra. Sra. del Rosario, Dulce Nombre, Aurora, Santa Rosa de Santa María, Hortelanos, Cirio y Vaqueros, Cristo de San Pedro…; y la noticia de su existencia llegó hasta nosotros, pero hubo otras devociones que tan solo quedaron en eso, en devociones, y el paso de los tiempos sepultó su conocimiento. Hoy traemos a estas páginas la noticia de una de ellas, que aparte de esa semilla devocional que como es lógico quedó sembrada en los habitantes de este pueblo, también nos dejó como legado un sencillo y bonito retablo que hoy cubre las paredes de esta iglesia.

Conato de Fundación en el templo dominico.

En el año 1767 un grupo de devotos que veneraban un cuadro realizado en este siglo y que representaba a San José con su iconografía más usual, es decir, con el niño Jesús en brazos, y que se encontraba en la iglesia de San Pedro Mártir, con intención de dar a esta devoción un carácter mas formalista, deciden fundar una cofradía bajo esta advocación.

De este grupo de fervientes devotos sobresalen varios individuos que encabezaron la propuesta: José Moreno, Pedro Hidalgo, Alonso Torrejón, Feliz Hidalgo, Lucas Hidalgo, Pedro de Baeza, Diego Topero y Roque Ortiz, entre otros. Tras realizar un borrador de estatutos deciden solicitar licencia para su fundación y posterior aprobación de sus reglas, contando para esto con el apoyo de la comunidad dominica.

Pero en su intento se encontraron con la “exclusividad cofradiera” al Santo Patriarca, que al parecer tenia en nuestra villa la hermandad que con el título de “Congregación del Patriarca San José” estaba erigida en la iglesia de San Juan Bautista. Nada mas tener conocimiento de las pretensiones de estos devotos, Diego Balois, Mayordomo de la cofradía establecida en la parroquia matriz y en nombre de ella, remite una carta el día 11 de Febrero de 1768 a Palacio Arzobispal con objeto de mostrar su protesta por la nueva erección, dando comienzo aquí unos autos que darán como resultado el fracaso de este conato de fundación.

No hubo de esperar mucho tiempo para conocer la respuesta. Como resultado, pocos días mas tarde la Mitra Hispalense contesta a través de su Provisor y Vicario General:

“…debo declarar y declaro no haver lugar la fundaon y congon de la pretendida hermd ni la aprobon de la Regla qe han formado por ellos y mdº se les haga saber a dichos congregados bajo de la multta de cinquenta Ducos y de la percevmº de proceder a los demas que hay a lugar no se tittulen, conboquen ni juntten com tales hermanos de ellos ni con la espresada advocasion y título manteniendo y amparando como en caso necesario manutten y amparen a mr abundancia a la dha establecida hermd en la nominada parroquial del Señor San Juan de la espresada villa de Marchena…

4 Marzo de 1768”

Así fue. No había pasado una semana cuando ya se le había informado de palabra a los devotos de San José la decisión negativa de la Mitra Hispalense, a través del notario apostólico Antonio Ballesteros. Estaba poco receptivo el ordinario a este tipo de nuevas fundaciones, habida cuenta de sus experiencias anteriores, en que los pleitos entre hermandades de igual advocación que tributaban devoción al mismo santo dentro de una ciudad eran cotidianos y, aun peor, interminables.

Curiosamente y, al parecer, en señal de protesta frente a la decisión del ordinario, ante la presencia en sus domicilios, los familiares de varios de estos frustrados cofrades manifestaron que estos se encontraban impedidos con enfermedades contagiosas, obligando a volver al funcionario diocesano en repetidas ocasiones para cumplimentar la notificación.

Retablo de San José.

Realmente, no se llevo a cabo el establecimiento de la nueva hermandad en el templo dominico, pero la negativa no menguará su fervor, y la devoción al santo Patriarca seguiría viva bajo las naves del convento dominico. En el año 1774 es sufragado por este grupo de devotos un bonito retablo de pequeñas dimensiones para que fuera presidido por el cuadro que veneraban.

Este retablo. de un solo cuerpo y una sola calle, está hoy colocado al lado de la Epístola, entre el altar de Santa Lucia y el cancel que daba entrada al claustro. Realizado en madera tallada y dorada, es decorado con espejos y rocallas. Da cobijo al lienzo titular que presenta un marco tallado en madera dorada y policromada que esta flanqueado por dos columnas de orden compuesto. En la parte superior se dispone una moldura que da cobijo sujeta a ambos lados por dos grandes salcillos sujetan tras una orla circular, se puede observar un lienzo en un avanzado estado de deterioro que representa a san Pío V, Santo pontífice dominico, y que con anterioridad a esta ubicación formó parte de un cuadro, aspecto que es conocido por la circunstancia de que solo es aprovechada la parte central de las tres en que está doblado el lienzo, adquiriendo en su totalidad unas dimensiones aproximadas de 80 x 140 cm. Cabe la posibilidad que formara parte de la galería de retratos que según antiguos escritos se encontraba en este cenobio.

El cuadro, elemento exento del conjunto, representa a san José meditabundo, sentado sobre un lecho y vestido con túnica y manto que cubre sus piernas. Tiene apoyado al niño sobre su regazo, al que rodea por la espalda con su brazo izquierdo.

Mientras vela el sueño del niño, que aparece con aproximadamente un año de edad y desnudo, cubierto tan solo con un paño, apoya su mejilla contra la cabeza de este, dándole a la composición un eminente carácter humano. Resulta interesante advertir la actitud concentrada y melancólica que emana de esta figura de San José donde su expresión triste, aunque dulce y serena, es claro presagio de la vía dolorosa por la que abría de pasar el hijo.

Superpuesto sobre el lienzo y tan a gusto del siglo XVIII, nimbo en plata con pedrerías de colores sobre la cabeza del glorioso Patriarca, así como vara florida de azucenas, símbolo del milagro de su predestinación como esposo de la Virgen, a la que le falta la mitad inferior del hasta, también en el mismo metal y firmada con el punzón “GUZMAN”.

Fáltale igualmente al niño, cuya anatomía es perfecta, un globo terráqueo con una cruz clavada, también en plata, colocado de tal modo que daba la sensación de que era cogido por sus manitas, en clara alusión a la redención al Mundo. Su pierna derecha aparece doblada mientras la izquierda se nos muestra recta, repitiendo en cierto modo la posición del r.t.c. que los psicólogos actuales encuentran en todos los niños.

El artista emplea el color como elemento simbólico que hace destacar la claridad del cuerpo del niño y del rostro del padre sobre el fondo oscuro, convirtiéndolos así en foco clave de la composición, donde sobresale el sentido espiritual y trascendente del rostro del niño que queda, a su vez, señalado por la posición ascendente de sus manos, que se continúan con las de san José.

Carácter de su devoción.

Al parecer el culto a San José, esposo de la Virgen, personaje que, sin embargo, no se cita en el Evangelio de San Mateo, fue privado y solo se generalizó en el siglo XV. Fue el papa Gregorio XV, en el año 1621, quien consagró la festividad del día 19 de marzo al santo Patriarca, adquiriendo al igual que otras devociones, como por ejemplo la de San Miguel, una gran importancia en este siglo.

La iglesia poco a poco fue aumentando la manifestación de su veneración. Pío IX lo proclamó en el año 1870 Patrono de la iglesia universal, confirmándolo igualmente Benedicto XV en su motu propio “Bonum sane”, con fecha de 25 de Julio de 1920.

León XIII declaró en su encíclica “Quamquam pluries” que el fundamento teológico del Patrocinio de San José, es en su orden, paralelo a la Mediación Universal de la Santísima Virgen. Su solemnidad fue elevada a rito de primera clase con octava por Pío X en 1913 y así mismo Benedicto XV en 1917 declaró su festividad de precepto. Las letanías de san José fueron aprobadas por la santa congregación de ritos para su publica recitación en 1909, y en 1919 fue introducido el prefacio propio en honor de san José.

NOTAS:

1.- Archivo Parroquial San Juan Bautista de Marchena. leg. LXXV. exp. 4998.

2 .- GRACIA BENEYTO, Carmen. “Iconografía infantil en la pintura valenciana”. Valencia1977. p. 153.

3 .- Ibídem. p. 179; SÁNCHEZ HERRERO, José. “Sevilla Barroca”. Dentro de “Historia de la Iglesia de Sevilla”. Sevilla 1992. p. 494.span>

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