LA CAPILLA DE LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS DE MARCHENA. DESTRUCCIÓN Y RESURGIMIENTO.



LA CAPILLA DE LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS DE MARCHENA. DESTRUCCIÓN Y RESURGIMIENTO.

Por Vicente Henares Paque

INTRODUCCIÓN

Marchena siempre ha tenido en materia religiosa una especial predilección por la devoción hacia la Madre de Dios, herencia que dejaran a esta villa sus Señores Feudales, al que uno de ellos tal vez él más célebre de todos, Don Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, como cuenta la leyenda se le apareciera la Virgen en el año de 1462.

Pero no trataremos en esta comunicación sobre este fervor, sino de todo lo contrario, comentaremos un hecho de nuestra historia reciente, único en nuestros anales e importante no solo desde el punto de vista artístico sino también religioso, social y político: la destrucción intencionada de la capilla de Ntra. Sra. de los Desamparados sita en el templo parroquial de San Sebastián durante la II República

No obstante y a pesar de este trágico suceso es digno de mencionar la buena estrella que alumbró a Marchena durante los desordenes sociales y políticos de este siglo en comparación con los pueblos limítrofes, donde la destrucción de edificios religiosos fue a veces casi masiva. Baste recordar como muestra los destrozos sufridos en Paradas, Arahal, Puebla de Cazalla, Morón, Ecija, Fuentes de Andalucía, Carmona..

Ya en el año 1699 se encontraba en el altar mayor de la capilla que pertenecía a la hermandad de la Santa Caridad un lienzo que representaba la imagen de la Virgen de los Inocentes y Desamparados, Patrona de la Región Valenciana, devoción esta atípica en nuestra geografía. Incluso hoy son contadísimas las imágenes de la Virgen que con esta advocación podemos encontrar en toda Andalucía. Ultimamente es frecuente la práctica de utilizar este título o advocación de gloria para imágenes de dolorosas titulares de hermandades de penitencia. Recordemos que hasta el año 1889 no se fundaría en Sevilla una asociación con este título . Llegados a este punto es obligatorio hacer un inciso para comentar un hecho insólito: el traslado a Sevilla hasta la iglesia de San Vicente Mártir de la imagen de Ntra. Sra. de los Desamparados de Marchena donde presidiría los cultos que esta naciente asociación celebrase en el año 1890 .

El cuadro era expuesto a la devoción de los fieles sobre un modesto retablo blanco con filetes y aplicaciones doradas. Sobre el lienzo aparecía ciñiendo la cabeza a la Virgen una corona imperial con “sol y estrellas de plata” y sobre su cuello una gargantilla de perlas de tres hilos así como en sus manos “cruz y lirio de plata”. También clavados en el lienzo “29 milagros de plata”. Cubriéndolo “ una vidriera de cristal que le sirve de resguardo a la Señora” .

Lo cierto es que la devoción a este cuadro va aumentando día a día hasta llegar al 18 de Noviembre del año 1729 en que un grupo de devotos asiduos al rosario público que diariamente salía desde su capilla fundan una hermandad – que al parecer anteriormente ya existía- con el título de “Hermandad del Rosario de Ntra. Sra. de los Desamparados ”·. Serían aprobadas sus reglas el 30 de Enero de 1730 por el provisor y vicario General del Arzobispado de Sevilla Don Antonio Tomás de Lara, Canónigo de la Santa Iglesia Metropolitana de Sevilla. Sus hermanos, que no podían superar el numero de 55 tenían que asistir diariamente al Santo Rosario, rezando los cinco mas antiguos, tres Padre Nuestros cada uno, así mismo los cincuenta restantes tres Ave Marías, componiendo así un rosario completo. Igualmente tenían la obligación de “celebrar el Patrocinio de Ntra. Sra. con fiesta solemne, sermón y misa cantada”.

Paralelamente a esta devoción que va en auge también aumentan los ingresos, ganando en esplendor y ostentación el rosario público, así como el patrimonio de la hermandad.

En el año 1769 se contrata en Sevilla un nuevo retablo que años mas tarde sería dorado y para cuya colocación se habrían de realizar importantes obras de acondicionamiento en la capilla. En el año 1810 se encarga a Valencia una imagen de talla de la Virgen que siguiera la misma iconografía que su homónima aunque con ligeras variantes . Nada mas llegar la imagen a nuestro pueblo se comprarían “ parihuelas y horquillas para cuando sale en procesión”. También Doña Juana Olmo costea en el año 1817 una media luna de plata para colocar a los pies de la Virgen. El devoto lienzo que presidía la capilla es recortado y puesto en el medallón de uno de los estandartes que poseía la hermandad.

La Virgen toda de talla estaba realizada en madera dorada y policromada . Aparecía inclinada ligeramente hacia delante siguiendo la postura de la patrona Valenciana cuya primitiva posición era yacente o adormecida, por lo que su cabeza reposaría sobre una almohada. A la Virgen adormecida se le pondría de pie, se le cambiaría la posición de los brazos y se le añadiría un Niño Jesús sobre su mano izquierda. Este rasgo tan especial pasaría a todas sus réplicas.

Como atributos la imagen marchenera porta un ramo de lirios en plata que dentro de la iconografía sagrada simboliza su inmaculada pureza, y el niño una cruz del mismo metal en la mano izquierda, mientras con la diestra sujeta un pajarillo, que interpretan respectivamente la corredención del linaje humano y la imagen alegórica del alma humana que busca refugio al lado de Cristo.

El emblema parlante de esta advocación y que la diferenciará de todas las demás son los dos niños conocidos como los inocentes, que generalmente degollados aparecen arrodillados a los pies de la imagen amparados bajo su manto y uniendo sus manos en aptitud de oración. No debemos confundir estos niños con los angelitos que sirviendo de escabel muestran otras representaciones marianas.

Una peculiaridad nos presenta nuestra imagen, su atuendo, formado por una vestidura sacerdotal: el alba y la planeta . Antaño esta práctica era habitual pero desapareció junto con el Antiguo Régimen y hoy tan solo perdura su memoria en antiguos grabados o en imágenes todas de talla como la que nos ocupa.

Continuemos con la vida de esta hermandad que cambió todo su esplendor del siglo XVIII por un ensombrecimiento debido entre otras causas a los azares políticos del siglo XIX. Tras esa decadencia de principios de este siglo presenta de nuevo una etapa floreciente gracias en gran parte a un personaje marchenero célebre que militará en sus filas: Don José María Salvador Barrera, Obispo de Madrid-Alcalá y preconizado Arzobispo de Valencia. Haría este hombre varias donaciones a esta hermandad letífica, sobresaliendo entre todas ellas la donación de la imagen de la Inmaculada Concepción, obra de Lorenzo Coullat Valera y realizada para presidir su capilla particular.

A pesar de esta etapa floreciente de nuevo caerá su devoción y en Julio de 1915 el párroco de San Sebastián reúne a la Junta de Gobierno con el deseo de estudiar como aumentar el número de sus hermanos.

DESORDENES SOCIALES Y DESTRUCCION DE LA CAPILLA.

Así llegamos a la parte fundamental de esta comunicación los años treinta de este siglo, años tremendamente trágicos y difíciles para todos los españoles que les tocó vivirlos. En España un país eminentemente rural reinaba el desempleo, la clase obrera sufría verdadera necesidad y los grandes latifundios de los que solo se explotaba una pequeña parte ocupaban la mayoría de la extensión agraria nacional.

España necesitaba un cambio. El 14 de abril de 1931 se proclama la República. Su proclamación vendría acompañada en Marchena, como en Sevilla y en toda España por “el desarrollo de unos acontecimientos que a buen seguro no favorecieron la buena disposición de los católicos hacia el nuevo régimen”.

El 10 y 11 de Mayo de 1931 comienza la carrera anticlerical con “un suceso singular, muy poco explicado y en algunos aspectos esenciales ni siquiera reconocido: la famosa quema de conventos…”

Comienzan a llegar las nuevas órdenes del gobierno y todos los signos religiosos del ayuntamiento como de los demás centros oficiales son retirados, al igual que de fachadas y plazas públicas. La talla del Corazón de Jesús que se encontraba en la casa consistorial, en un acto de buena fe, por parte de los dirigentes locales es entregada a la Parroquia de San Juan.

La clase trabajadora que tan grandes esperanzas había puesto, comienza a mostrar su impaciencia al cabo de los dos primeros meses republicanos y como consecuencia alborotos y manifestaciones vuelven a ser cotidianos.

En el mes de Octubre de 1932 y como consecuencia de los desmanes que se sucedían en toda nuestra provincia el Gobernador forma una brigada especial de policía gubernativa encargada de atajar los incendios de templos y detener a sus autores.

A pesar de este interés pocos días después fue incendiada la iglesia de la Concepción de Gerena, consiguiéndose sofocar los de San Gil de Sevilla y los del convento de capuchinos y carmelitas descalzos de Ecija. No correría la misma suerte la capilla de la Virgen de los Desamparados de Marchena que ardió en su totalidad.

A las 10 de la noche del día 23 de Octubre es incendiado el interior de esta bella obra arquitectónica que la historiografía tradicional viene atribuyendo a la producción de Ambrosio de Figueroa. A la par también es incendiada la puerta del templo que da a la plaza hoy llamada del Dulce Nombre y que ya se encontraría tapiada durante varios años.

Este lado de la capilla era fácil de alcanzar, extremadamente vulnerable a consecuencia de la poca altura de la azotea que asoma a la calle Obispo Salvador Barrera, así como a la facilidad que ofrecían las molduras exteriores de la capilla para escalar por ellas hasta la misma cúpula. Por dos ventanas del flanco nordeste que estaban tabicadas y fueron rotas, arrojaron varios paquetes con periódicos impregnados de liquido combustible consiguiéndose la deflagración de todo el interior. De la nave principal de la iglesia serían evacuadas varias imágenes entre ellas la de la Virgen del Carmen a la que hubo de romper el cristal que la protegía en su camarín para su traslado. Era entonces Rector de la hermandad Don Pedro González y párroco de San Sebastián Don José Pérez Nieto.

Después de muchas averiguaciones es detenido como culpable de los hechos un joven albañil de 26 años Rafael R. M. que ya tenía antecedentes por haber agredido a un policía municipal al que después de quitarle la porra le hirió en la cabeza como culpable de los hechos.

Si él fue el culpable nunca se supo, pero lo fuera o no, nunca pudo hacerlo solo y jamás se podría probar nada contra él pues un mes mas tarde ningún detenido por este asunto se encontraba en la prisión comarcal de Marchena.

Cada uno de los bandos monárquicos y republicanos culpaban al otro de lo sucedido. Los primeros afirmaban que los republicanos tan contrarios a la religión habían incendiado la capilla, y estos a su vez contaban que los monárquicos habian sido los culpables con la intención de que el pueblo entonces tan devoto de esta imagen se volviera contra ellos.

Mientras tanto por las noches jóvenes republicanos cantaban coplillas satíricas que tenían como estribillo “por orden de los burgueses el sacristán la quemó…”

LA CAPILLA ANTES DEL INCENDIO.

Fue destruido el retablo de estilo barroco tallado y dorado que presidía la capilla y que estaba formado por tres cuerpos y tres calles las cuales eran separadas por columnas de orden corintio, así como todas las imágenes que en él se mostraban. En el tabernáculo central recibía culto la imagen de la Virgen de los Desamparados y en el ático San Juan Bautista niño. En el intercolumnio derecho San Joaquín y San Francisco de Paula y en el izquierdo Santa Ana y San Cayetano, a veces confundido en los inventarios con San Francisco de Valois, cofundador de la orden de la Santísima Trinidad. Este retablo vino a sustituir uno mas sencillo de color blanco y filetes dorados que formaba parte de un grupo de cinco que una vez desmantelados estuvieron almacenados en la llamada “farolera” por lo menos hasta principios de este siglo.

En el primer tramo de la capilla de planta rectangular y a la espalda de donde se ubica la que fuera puerta de acceso directo a la calle, hoy cegada, se encontraba un cuadro en lienzo de forma semicircular representando la Anunciación, obra de este siglo y al parecer fruto de los pinceles del pintor José Suárez, y que no habiendo sufrido daños se coloco sobre la puerta de la iglesia que da acceso a la sacristía donde hoy puede observarse.

En la pared de enfrente tampoco sufrió desperfectos el mausoleo ejecutado en el año 1916 por Lorenzo Coullat Valera para sepultar los restos de Manuel y Manuela, padres del Obispo Salvador Barrera. Bajo un arco de medio punto en cuya clave figura el escudo del Obispo que descansa sobre pilastras de orden jónico y decoradas con guirnaldas de flores, aparece un Calvario sobre un idealizado paisaje de Jerusalén que descansa en el cenotafio realizado en mármol que reposa en un zócalo de granito con el escudo parroquial.

En el segundo tramo de planta circular con cuatro grandes machones en los ángulos y a ambos lados del ábside aparecían dos tapices que representaban al lado derecho “la multiplicación de los panes y de los peces” y frente a él “la Sagrada Cena”. Cercando todo el conjunto un zócalo de azulejos que aun hoy se conservan, colocados a principios de este siglo.

De toda su ornamentación sobresalían sus magnificas yeserías que cubrían el interior de esa bella cúpula que se levanta sobre pechinas apoyadas en arcos de ondulado movimiento . Las pechinas eran cubiertas de bonita yesería a base de medallones que alternando, albergaban en su interior -coronados y laureados de palmas – anagramas del Ave María y estrellas.

Afortunadamente también se salvarían la Inmaculada Concepción de Coullat Valera, y frente a ella una Sagrada familia en cartón piedra, que es al parecer la que hoy se conserva en la capilla del Hospital. Ambas estaban colocadas sobre unas sencillas mesitas a los dos lados del ábside.

Se perdieron igualmente una lampara en fino cristal, de tipo araña realizada en el año 1799 por el sevillano Francisco de Martínez y el juego de candelabros de latón obra del maestro latonero afincado en Sevilla Don Antonio Avalos.

RESTAURACIÓN

Una vez destruida la capilla llegaría la difícil tarea de la restauración. Tras el suceso inmediatamente se formaría una comisión presidida por el cura párroco Don José Pérez Nieto, encargada de recaudar fondos para esta empresa. Estos llegarían en su mayor parte de los donativos de los devotos. Semanalmente se publicará la relación de benefactores asi como las cantidades entregadas en el periódico local “El Eco”.

Otra forma de ingreso fue la elaboración de capillitas móviles de reducido tamaño que como cepillo mendicante iban de casa en casa demandando un óbolo.

Aun no había pasado un mes, el 22 de Noviembre, cuando la comisión ya había firmado un contrato con el escultor sevillano Castillo Lastrucci para la realización de la nueva imagen de la Virgen, que debía ser los mas parecida posible a la desaparecida. Con tal motivo la camarera de la Virgen, Doña Dolores Montero, gran conocedora de la imagen, visitó el taller del artista por si fuera necesario hacer alguna declaración. La razón por la que la comisión tuvo contactos con este escultor fue la fama que cobró en toda Sevilla a raíz del parecido que consiguió en la ejecución de la nueva imagen de la Virgen de la Hiniesta, puesto que la anterior fue destruida en el incendio de la parroquia hispalense de San Julián.

En un principio el tiempo de ejecución previsto era de tres meses, pero fue imposible este plazo, pues aun en Marzo del siguiente año la imagen no estaba finalizada, y se habría de esperar casi un año mas para verla presidiendo su capilla.

El retablo se decide cerámico para evitar nuevos atentados. Se le encarga a Enrique Orce quien lo elaboraría en la fábrica de la viuda de José Tova Villalba, auxiliado de sus operarios Pedro Salas, Antonio Ruiz, Pedro Garrucho, Manuel Castillo y Alfonso Orce. El diseño sería fruto de Vicente Traver y Tomás, arquitecto maestro indiscutible de la arquitectura del regionalismo sevillano y que también dejaría su impronta en otros trabajos en Marchena. Constaría de tres cuerpos y tres calles flanqueadas por columnas estriadas con capiteles de orden corintio en la parte superior, mientras su tercio inferior es labrado con adornos florales, habiendo entre ellos colgadas guirnaldas de flores y frutas, estando las dos columnas exteriores sobre pedestales labrados. En el cuerpo medio, en los intercolumnios de sus calles laterales, mas estrechas que la central, se labrarían dos edículos de menor tamaño para dar cobijo a sendas imágenes que descansan sobre salientes repisas. La imagen de la Inmaculada, donación del Obispo pasa ahora al intercolumnio del lado de la Epístola y para su repisa opuesta encargaría Elisa Hanz una imagen del Corazón de Jesús a Castillo Lastrucci que siguiera las mismas dimensiones, así como el trazo de la peana – formada por querubines atlantes que soportan el globo terráqueo -, de la imagen en cuestión.

A pesar de su planta cóncava impuesta al artista por la forma semi-circular de la cabecera de la capilla, se trata en esencia de un retablo plano, es mas, la calle central por el contrario, da la impresión de ser convexa debido a la combadura que le ofrece el gran doselete que cubre a la imagen titular, apareciendo esta bajo un pseudo-templete o baldaquino.

Inmediatamente bajo el camarín de la Virgen de los Desamparados se percibe el tabernáculo que da cobijo al sagrario escoltado por dos querubines. A la casa Matths Gruber de Bilbao se le encargó el sagrario, adaptando una caja de caudales garantizada contra el robo y el incendio. Para la elaboración de su puerta, que labró Manuel Domínguez , serían fundidas dos lamparas aceiteras que alumbraban la capilla. Su exterior sería bellamente adornado con motivos plenamente barrocos a base de rocallas y hojarasca donde aparecen dos ángeles con cabezas, manos y pies de marfil, uno de los cuales sostiene una custodia dorada que es el centro de la composición, mientras el otro porta elementos que prefiguran en sentido genérico a la misma Eucaristía: la vid y el trigo.

En su contrapuerta un marco ovalado dejara espacio para representar a una Divina Pastora un tanto atípica. Se nos muestra de pie con un paisaje campestre de fondo, su cayado se ha convertido en báculo pastoral y en lugar de acariciar con su mano un cordero, como sería habitual y fiel al prototipo capuchino de esta advocación, da la mano a un niño Jesús que sobre un risco dirige su mirada, de candorosa expresividad al espectador. Ambos con cabezas, manos y pies de marfil. Esta iconografía corresponderá mas acertadamente a la advocación de “Madre del Buen Pastor”.

En esta misma planta cuatro cartelas, que en versiones de famosos pintores nos recuerdan pasajes de la vida de la Virgen, aunque ordenados sin ningún orden cronológico: Adoración, Nacimiento, Piedad y Anunciación.

Todo este conjunto, acicalado con bonita cenefa en vivos colores, descansa sobre un banco central en mampostería que servirá de mesa de altar y siguiendo la misma línea de todo el retablo es revestido de polícroma azulejería. Presenta un medallón circular con el retrato de la desaparecida imagen y en sus laterales pilastras que soportan los pedestales de la columnas exteriores, decoradas, una con un escudo idealizado de Marchena y otra con el escudo nacional.

El cuerpo superior que es separado por el medio a través de una cornisa a base de molduraje mixtilíneo es ocupado por tres edículos. El central algo más alto que los otros debido a la altura que le proporciona la cupulilla que cubre a la imagen mariana y que así mismo le sirve de escabel.

Para el ático se aprovecharía un niño Jesús en madera para vestir, de cuya procedencia se barajan varias hipótesis, al igual que para los laterales se lograrían de acarreo dos imágenes también en madera policromada y con vestiduras bellamente estofadas, que ejecutadas en el siglo XVIII representan a San Antonio de Padua y San Juan Nepomuceno, ambas en un estado de notable deterioro.

Las Coronas que ciñen sus sienes así como la ráfaga están formadas por haces de cinco rayos biselados y contorneadas de una guirnalda de rosas, que realizadas en plata, se le encargarían al orfebre sevillano Jorge Ferrer.

Las paredes se tapizarían de damasco rojo y se instalaría un nuevo juego de iluminación a base de grandes reflectores.

Asi se encontraría la capilla hasta que un nuevo párroco Don Manuel Barrera Ortega emprende de nuevo la tarea restauradora. En una primera fase se colocarían las vidrieras del tambor formadas por dibujos geométricos, y en una segunda, las de la linterna e igualmente se pintarían sus paredes al temple.

El pintor Rafael Rodríguez realizaría un boceto compuesto de rico repertorio iconográfico que tendría el beneplácito del párroco y sería ejecutado en el año 1963 . En la cúpula se pintarían santos relacionados con la Eucaristía: San Agustín, Santo Tomás, San Pascual Bailón, San Gregorio Magno, San Pio X, San Ambrosio, San Juan de Rivera y San Jerónimo.

En el lateral derecho del ábside la custodia sostenida por ángeles y al lado izquierdo Jesucristo en la última cena instituyendo la Eucaristía. En las pechinas se acuerda pintar los cuatro evangelistas.

Al igual que en la ornamentación del segundo tramo predominarán los motivos eucarísticos, en el de entrada lo harán los marianos. En su bóveda elíptica rebajada se muestran cuatro cartelas de marcado simbolismo mariano que representan letanías a la Virgen -Reina del Santo Rosario, Trono de la Sabiduría, Puerta del cielo y Reina concebida sin pecado original- alternando con cuatro jarrones de flores colocados en las esquinas. A la derecha frente al mausoleo de los padres del Obispo Salvador Barrera y donde antes se encontraba el cuadro de la anunciación ahora habrá pintado sobre la pared un niño Jesús adorado por ángeles.

En el interior, sobre la reja artística que da entrada a la capilla y que aun mantiene como blasón el corazón con cruz alado, emblema de la hermandad de la Santa Caridad, se representaría a la imagen de la Divina Pastora de Cantillana de donde era oriundo el párroco que encarga la obra.

Tras la restauración se avivaría la devoción a la imagen de Nuestra Señora de los Desamparados que volvió a salir en procesión el año 1935. A partir del siguiente año y mientras duró la contienda nacional esta fue suspendida. La hermandad se mantendría viva hasta los años sesenta en que cae en el olvido, desapareciendo sus cultos, el rosario por las calles y su procesión anual. En el año 1972 se reanuda la procesión pero pronto vuelve la decadencia. Afortunadamente hoy está en marcha su reorganización a cargo de un grupo de devotos encabezados por el párroco actual Don Antonio Ramírez Palacios. Su procesión se reanudó en el año 1992 celebrándose ininterrumpidamente hasta hoy. La imagen fue sometida a un laborioso proceso de restauración llevado a cabo por Don José Pérez Conde en el año 1994 e igualmente se contrata con Talleres Dopla de Sevilla el plateado y compostura de la ráfaga y coronas en Octubre de 1996.

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