Buen Camino peregrino hacia las estrellas… Enviado por Iosa

 
Imagen cedida por:RAFA

Se despertó de sopetón, con una extraña urgencia que amenazaba su existencia,

sus ojos apenas percibían la tenue luz que se filtraba por un pequeño
ventanuco desvencijado por el paso de los implacables siglos.

Sus sentidos embotados apenas percibieron las supuestas fragancias de hacinamiento
humano, en la lejanía se escuchaba una sinfonía de ronquidos, palabras balbuceantes,
y algún que otro sonido difícil de determinar y mucho menos mentalmente catalogar.

Tras un rato de vuelta para acá y vuelta para allá, decidió levantarse y a tientas,
tropezando con todo aquello que se le cruzaba por medio consiguió introducir
sus 4 bártulos en la vieja mochila, roída y desvencijada por numerosos caminos
hoyados a lo largo de su larga vida, cargada con mas sueños y alegrías que
necesidades materiales, materiales que si pesan para un alma vieja como ella.

Tras un aseo felino salio sigilosamente sin mirar atrás, donde todos aun dormían
placidamente, no sabia que hora era, el reloj nunca lo llevaba encima cuando se decidía
a partir por un fuerte anhelo y necesidad de ir al camino, su camino, su vida, para ella las
horas eran esclavas de nuestro tiempo y gustaba de vivir libre y sin horario fijo para
sentirse en plena comunión con la vida, con los ciclos naturales de la existencia y del camino.

El aire frío de marzo acaricio su piel, la noche seguía profundamente oscura, tenebrosa
y al mismo tiempo acogedora, algo sobrenatural y misteriosa, a ella le gustaba la soledad,
nunca camina con nadie, tan solo una parada frugal con algún caminante y corta
conversación era todo lo que necesitaba para alimentar su Alma de vez en cuando.

Lo demás siempre sola, introvertidamente sola como había venido al mundo y seguro se
iría, siempre adelante, siempre hacia adentro, camino y ella, era todo lo que necesitaba.

Las calles vacías la observaban mientras el suave ruido de sus pies y el claqueteo de su
desgastado bordón resonaban junto el murmullo del viento colándose por las calles, nadie
habia comenzado aun su frenético día, ajenos si estuvieran seguramente a esta caminanta,
una mas de un mar de caminantes diarios que cruzaban las vidas del resto de mortales,
todo tranquilo, inerte y cuasi muerto, ni pájaros, perros, gatos y demás fauna diurna.

Tan solo los suaves repíqueos de una vieja y cansada Campana interfería en sus soñadores
pensamientos matutinos, le atraían siempre esos juegos de sonidos que tenían sabios códigos
que cada población conocía a la perfección avisando de ciertas cuestiones de la vida cotidiana.

Enfilo por una estrecha y musgosa senda a la salida de la villa, noble leal e invicta villa,
de calle larga y casas recias de piedra escoltando a los miles de peregrinos que la cruzaron
y la hicieron grande a través de los siglos, sin ellos apenas seria una aldea en el inmenso
frío y yermo páramo, donde la vida se hace difícil, donde cuesta arrancarle a la tierra un
sustento día a día, y que por hacer o destino estaba en medio de la ruta de las estrellas
y la prosperidad llamo a la puerta y creció larga y ostentoso a través de los siglos.

Poco a poco la claridad la fue envolviendo y percibía a su alrededor la silueta de suaves
y macizas lomas de esas ancestrales montañas, fuente de recursos para todos los que
por hay pasaron, asentaron y lucharon por doblegar ese medio hostil llamado montaña.

Al poco diviso otra aldea en un recodo del camino, que ya despuntaban algunas luces tintineantes,
como fantasmas trémulos asomándose por las estrechas ventanas que protegían del mordaz frío.

Aceleró el paso como ansiando encontrar calor y quizás llenar su hueco estomago con
algún manjar, aunque sentía algo raro en sus tripas, no tenia el normal hambre matutino
de días o quizás meses anteriores, pues había perdido la noción del tiempo ya andado.

El amanecer eclosiono de sopetón, sin darle tiempo casi a maravillarse de tan bella creación divina.
Entrando en el pueblo veía algunos seres humanos vacilantes dirigiéndose a sus respectivas tareas de vida.A ganarse el duro jornal que alimenta desde eones a sus queridas familias.

Saludo a algunos, pero misteriosamente nadie le devolvió el saludo, ignorándola, como
si ella no estuviera presente, no se lo tomo a mal, pues era consciente que tantos y tantos
caminantes a lo largo del tiempo ya no eran una novedad digna de molestarse en saludar,
o quizás aun dormidos no se fijaron en una sombra que pululaba por las estrechas calles.

Observo los desgastados adoquines, invadidos de musgo, hollados por miles de peregrinos
antes de ella y se estremeció de imaginar cuanta diversidad humana puedo pasar por esas
mismas calles desde aquellos siglos que España era un crisol de reinos, hermanados y
deshermanados según las necesidades de poder y expansión territorial, la historia siempre
e gusto y no perdía ocasión de entablar conversación con algún aldeano que le pudiera
narrar batallitas de su pasado, que siempre ampliarían sus horizontes como ser humano.

Como de la nada aparecieron unos veloces peregrinos y raudos la pasaron, ella balbuceo un buen camino,que se perdió en el páramo y no obtuvo respuesta alguna, mientras se perdían
en el horizonte.

Ya no es lo que era pensó, los valores se pierden y cada cual va a la suya, eso le dolió en lo
mas profundo del ser, pero tenia claro que al igual que se nace sola, se camina sola, y siguió
meditabunda maravillándose del paisaje, los animales y un cielo azul que lo bañaba todo.

La jornada trascurría tranquila, un paso tras otro, sin ánimos de mas, degustando cada sonido,
el color del incipiente verde despuntando de la tierra, la luz, el canto de los pájaros, el croar de
una despistada rana revolcándose ajena en su acequia, aunque algo le llamaba la atención,
quizás por lo temprano que comenzó su larga jornada no coincidía extrañamente con nadie mas,
ningún pueblo en muchas horas, cosa que le gustaba y disfrutaba, pero inquietaba a la vez.

Por fin tras muchas horas de marcha sintió que llego a su destino, más bien decidió que por
ese día ya había caminado bastante, diviso una pequeña y hermosa ermita de piedra junto a
un río con poderoso puente, desde siglos hay le aguardaba para descansar y compartir una
suculenta cena en buena y humana compañía, pensó.

Aunque ese día estaba pletórica, feliz y misteriosamente nada cansada, cosa que agradeció,
pues normalmente llegaba reventada, los pies demolidos y en ocasiones ampollados tras
todo el día de andar bajo el Sol, dador de vida pero implacable dueño de castilla, estrella
a seguir en busca de los restos del apóstol, camino del fin del mundo conocido.

El sol ya quería huir y echarse a dormir por el horizonte de montañas verdes, por ese Oeste
donde moran los muertos y el mundo acaba, y solo los monstruos son dueños y señores de
lo insondable y no permitido a los tristes mortales. El Finisterrae de los antiguos.

Avanzo hacia el interior escrudiñando cada detalle de ese espacio nuevo para ella, no había
nadie en la pequeña mesa donde recibían con cariño a los Peregrinos desde mucho tiempo
atrás, se quito el bulto, parte inseparable de ella y que ya que apenas sentía, aguardando
pacientemente a que alguien viniera a recibirla y acogerla en su familia peregrina.

Escuchaba un fuerte murmullo y cierto ajetreo en la parte interior, de repente apareció gente agitada
y con cara de pesadumbre, comentaban algo que apenas podía percibir, algo de una peregrina
que quizás había fallecido esa noche mientras dormía, todos lo comentaban con dolor en sus rostros,
nadie la observaba, ni tan siquiera reparaban que estaba allí clamando algo de atención humana.

Un Clip estallo en sus neuronas, un frío helador recorrió su espina dorsal, su mente, su
conciencia se aceleró y ato cabos, descubrió una realidad tan fuerte y cruda que casi pierde
el sentido, no podía dar crédito a lo que sentía, algo que sabia en su fuero interno que era
cierto, pero no podía ni quería creerlo, estaba, si, estaba muerta, nombraron su nombre.

Se negaba a creerlo, no puede ser estoy aquí, no me veis, no puedo estar muerta.

De repente una Luz cegadora apareció ante ella, con la fuerza de un sol radiante, que le empujaba
hacia el interior, una paz la envolvía acariciándola y nutriéndola de Amor, unas formas
al final de la luz la invitaban a acercarse emanando una halo de fraternidad y familiaridad.

Pero ella se resistía, no podía abandonar el camino, su camino, su vida, su mente acelerada
repaso todos sus andaduras, sus amigos peregrinos se agolpaban en su mente que se iba
diluyendo en el tiempo y en el espacio, se agarro a su bordón con fuerzas sobre humanas
y tras un largo forcejeo la luz se retiro y ella se sentía de nuevo en la Tierra, enraizada.

Feliz pues, decidió que seguiría en el camino, siempre vagando, siempre caminando,
ayudando desde el mas allá a todos cuantos lo necesitaran, susurrándoles en el oído
el camino y senda correcta, allí donde la vida le dio la felicidad mas plena y bendita.

El cielo podía esperar, pensó, y una paz se apodero de ella.

Enviado por: iosa (El eterno aprendiz)
Fecha: 27 de May de 2009, 08:05

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