Anti Todo

   La cajera, tan simpática que parecía, le enchufó uno de 50 falso. „Andá a cambiarlo”, y ya estaban a varias cuadras del negocio. Verídico o no, me da el pie para entrarle duro y parejo a la desconfianza, agarrate. Más de una vez pagamos el pato por dejarnos llevar. Y no. A plantarse y cuestionar (por más duro que caiga).
  La cara te vende, dicen. Pero algunos / as abusan. Y a no quedarnos ahí, porque tranquilamente podría hincar el alambre en la gente falsa y oportunista, pero a esta altura, ya hay que estar curados de espanto, y si no, tratar de ser menos ingenuos. Este presidente (y la cofradía de los gobiernos provinciales) no va a hacer más cosas de las que hicieron los demás; la escuela privada no va a ser mejor que la publica (ídem iglesias); tu jefe, si puede, te baja el sueldo para comprarle una tabla de wakeboard al hijo (que es tremendo holgazán, te rebaja con la mirada), pero en pleno junio. Carisma sobra, lo que faltan son huevos / ovarios y hacer las cosas de posta.
  Se trata de no tener el sí fácil. Ojo, tampoco estar la mitad de la vida cuestionando si esto es mejor que otro, si algo conviene más, si ñamfifrufifalifru o primavera 0, si circuncisión o diezmo, si meter los cuernos o dejar que te los metan. Son opciones, y nadie priva nada. Si te dejas someter, allá vos. Haciéndola corta: ante los venenosos, un buen antí-todo y ya. Ver la caripela de los próceres a trasluz, también.

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